La transición hacia la movilidad eléctrica en México avanza, pero con limitaciones estructurales que ralentizan su desarrollo. A pesar del creciente interés por los vehículos eléctricos, como en Paraguay, la falta de infraestructura de carga y de incentivos adecuados continúa siendo un obstáculo para consolidar el cambio hacia tecnologías más limpias.
En ese sentido, Alberto de Icaza, jefe de Asuntos Externos México de ZF, señaló que el país atraviesa un escenario contradictorio: “mientras la adopción de tecnologías limpias gana terreno, las condiciones estructurales aún no acompañan ese crecimiento”. Según explicó, la expansión de puntos de recarga sigue siendo insuficiente y, en muchos casos, desigual, lo que limita la confianza de los usuarios y la operatividad de los vehículos eléctricos.

En Paraguay, el panorama presenta similitudes, aunque con particularidades propias. El país cuenta con una ventaja estratégica: una matriz energética mayoritariamente renovable, basada en generación hidroeléctrica, lo que posiciona a la electromovilidad como una alternativa altamente eficiente desde el punto de vista ambiental.

Sin embargo, al igual que en México, el desarrollo del sector enfrenta importantes desafíos en 2026. La infraestructura de carga sigue siendo limitada y concentrada principalmente en zonas urbanas como Asunción y su área metropolitana, lo que restringe la expansión del uso de vehículos eléctricos a nivel nacional.
En paralelo, el costo inicial de los vehículos eléctricos continúa siendo elevado para gran parte de la población, lo que refuerza la necesidad de políticas públicas activas.
A esto se suma la necesidad de consolidar un marco regulatorio más robusto y políticas de incentivo más agresivas. Si bien existen iniciativas incipientes, el acceso a financiamiento, los beneficios fiscales y los programas de promoción aún resultan insuficientes para impulsar una adopción masiva.

Un desafío regional
Tanto México como Paraguay comparten un mismo reto: transformar el interés creciente en acciones concretas. La aceleración de la infraestructura de carga, la implementación de incentivos efectivos y la construcción de marcos regulatorios claros serán fundamentales para que la electromovilidad deje de ser una promesa y se convierta en una realidad tangible en la región.
